Siasmy

Justamente antes de salir de Venezuela, vi un documental del Discovery Channel sobre los volcanes de Ecuador y en un segmento del programa, hablaron del Cotopaxi. Yo me quedé tan enamorada de este volcán que a los tres meses de mi llegada, fui a conocerlo. Recuerdo que cuando llegué a la montaña, me sentí pequeña, pequeña, pequeña. Mi corazón se salía, lloré y hasta me comí la nieve porque pensaba que no iba a volver. Este viaje es la mejor experiencia que he tenido emigrn Ecuador. Viajar me hace feliz, me tranquiliza y me hace sentir que puedo lograr las cosas.

Ecuador es un país impresionante que me gusta de verdad, pero últimamente se ha hecho muy difícil obtener la legalidad; prácticamente te tienes que casar con un ecuatoriano para conseguir una regularización. Me choca que mucha gente, especialmente en la sierra, tiende a juzgar, a criticar, a ser severa con nosotros los extranjeros. En Ecuador, también sufrí acoso cuando trabajaba en una empresa promocionando productos; como era un negocio de licores, siempre tenía que estar bien vestida y usaba ropa un poco más ceñida al cuerpo. Mi jefe me mandaba en las noches mensajes por whatsapp; a mí no me parecía bien que me escribiera a esas horas y ese tipo de cosas. Cuando pasó todo esto, yo me postulé dentro de la empresa para optar a un mejor puesto. No me aceptaron y cuando decidí renunciar porque me sentía incómoda, me enteré que no me ascendieron justamente porque no cedí a las insinuaciones de mi jefe.

Esta cuarentena he pasado leyendo la Biblia y algunos libros de crecimiento personal. También he pasado estudiando los productos de la empresa donde trabajo, haciendo ejercicio, cuidando mi alimentación y dando seguimiento a mis metas que escribí en diciembre para este año. He procurado no lastimarme con los pensamientos. Hay días que me levanto preocupada y hay otros días que tomo y acepto lo que está pasando. Vivo sola porque creo que uno merece privacidad. Gracias a Dios que no me han tocado momentos tan difíciles como para tener que compartir.

Me siento preocupada por mi, por mi futuro en este país. Al estar sola, también me siento vulnerable. Paso todos los días de esta cuarentena pensando que si yo estuviera con mi familia, a lo mejor no me pegaría tanto esta situación. Me tiene en incertidumbre cómo voy a hacer con la comida y mi futuro legal en el país. Para nadie es un secreto que las empresas están paralizadas y eso va a causar desempleo, sobre todo para los venezolanos porque prefieren coger a los ecuatorianos que a los extranjeros. Pensar que mañana, a lo mejor cuando se acabe la semana que viene o dentro de quince días, pueda que me quede sin trabajo, me tiene en zozobra. En estas circunstancias, prefiero no estar en Venezuela porque en mi país no hay nada. Aquí por lo menos con diez dólares puedo comprar una libra de tomate o de atún, allá la misma cantidad no me hubiese alcanzado. Lo que me pesa es estar realmente sola. Pienso que si algo me llega a pasar, no voy a tener a quien ver por última vez, me van a cremar y me van a dejar aquí. En las noches tengo pesadillas.

Ya mis miedos han cambiado, cuando vivía en Venezuela mi miedo era que me mataran o que se metieran a robar a mi casa. Ahora tengo miedo de que mi mamá se vaya y yo no pueda compartir más tiempo con ella o verla por última vez. Cada vez que cumplo tiempo aquí, me pongo a pensar en mi mamá porque es la persona que siempre ha estado pendiente de nosotras.